La vuelta del Turismo Carretera sería un impacto deportivo y económico importante para la ciudad. Pero llegar como sea a fin de año puede ser un error. Después de tantos años de espera, lo mejor sería hacerlo bien y no rápido.
El Turismo Carretera ilusiona y en Río Cuarto, más todavía. La sola posibilidad de que la categoría más popular del país vuelva al Autódromo Parque Ciudad moviliza a hinchas, kiosqueros, dirigentes y a toda una ciudad que entiende al automovilismo como parte de su identidad. Sería una fiesta. Pero también sería un error dejarse llevar por la ansiedad. Porque una fecha de TC no se gana anunciándola: se gana con planificación, infraestructura y seriedad. Después de más de una década sin recibir la “máxima”, Río Cuarto no necesita llegar apurado a noviembre. Necesita volver para quedarse.
De izquierda a derecha; el presidente de la Agencia Córdoba Deportes, Agustin Calleri; el Gobernador, Martin Llaryora; el presidente del Automovil Club, Alberto Cerdá y el intendente de la ciudad, Guillermo De Rivas.
El regreso del Turismo Carretera aparece como una posibilidad concreta y eso, por sí solo, ya genera entusiasmo. No es para menos. Hablar de TC es hablar de una categoría histórica, convocante y capaz de mover miles de personas por fecha. Para Río Cuarto significa volver a ocupar un lugar importante dentro del calendario y recuperar una tradición que durante años fue parte de la ciudad. Aun así, entre la ilusión y la realidad todavía hay una distancia que no conviene ignorar.
Hoy el autódromo atraviesa una etapa de obras profundas. No se trata de retoques menores ni de una simple puesta en valor. Se trabaja en la extensión del trazado, mejoras de seguridad, ampliación del playón de boxes, nuevas zonas de escape, reasfaltado y reordenamiento general del predio. Son trabajos necesarios para adaptarse a las exigencias actuales de la ACTC y de una categoría como el TC, que ya no corre bajo las mismas condiciones de hace diez o quince años. El automovilismo evolucionó y los circuitos también deben hacerlo.
Ahí aparece el punto central. Si las obras son importantes, también necesitan tiempo. Y cuando se habla de seguridad, el apuro nunca puede ser una virtud. Querer llegar sí o sí a una fecha a fin de año puede sonar tentador desde lo simbólico, pero riesgoso desde lo práctico. El TC no puede volver a Río Cuarto en medio de dudas, detalles sin resolver o trabajos hechos a las corridas. La ciudad no necesita una inauguración apurada; necesita una vuelta sólida. Que no pase lo de 2011 en Balcarce. Una vuelta apresurada y un autódromo que no estaba en condiciones, nos dejó unos de los días más tristes del automovilismo.
Después de tantos años sin recibir a la “máxima”, vale preguntarse si realmente cambia tanto esperar algunos meses más. La última visita del Turismo Carretera fue en 2012. Pasaron más de diez años de ausencia. Si se esperó todo ese tiempo, no parece lógico poner en riesgo una oportunidad histórica por llegar unas semanas antes. A veces, en el deporte y en la gestión, la ansiedad juega malas pasadas.
El 3 de junio del 2012 fue la última visita del TC a Río Cuarto
Además, una fecha del TC no representa solamente lo que ocurre dentro de la pista. También implica movimiento económico para hoteles, restaurantes, estaciones de servicio, comercios, transporte y trabajadores temporarios. Esa llamada economía naranja también entra en juego cuando llega un espectáculo de este nivel. Por eso mismo, la vuelta debe pensarse como una política de ciudad y no solo como una carrera de domingo.
Río Cuarto tiene la chance de mostrar que puede organizar grandes eventos y sostenerlos en el tiempo. No alcanza con recibir una fecha y sacarse la foto. Lo importante sería consolidarse en el calendario, transformarse en plaza fija y aprovecharlo económicamente. Para eso se necesita una obra bien hecha, una planificación seria y una visión más amplia que la urgencia del momento.
También hay algo característico en todo esto. El autódromo forma parte de la historia local. Generaciones enteras crecieron yendo a las carreras, siguiendo pilotos, llenando tribunas y viviendo fines de semana que trascienden lo deportivo. Que vuelva el TC es recuperar ese espacio valioso, pero debe hacerse con responsabilidad. No todo regreso exitoso empieza con velocidad, algunos empiezan con paciencia.
El TC sería una gran noticia para Río Cuarto. Nadie discute eso. Lo que sí puede discutirse es la forma. Porque volver mal sería retroceder. En cambio, volver con todas las condiciones dadas puede abrir una nueva etapa para la ciudad y para el automovilismo cordobés.
El automóvil club y la ACTC tienen un preacuerdo. Si se llega con las obras para antes de noviembre, el TC correrá la penúltima fecha en el trazado riocuartense. De no ser así, la “máxima” visitará por segunda vez en el año el Oscar Cabalen de Alta Gracia. Esto quiere decir que la provincia va a tener dos fechas de la categoría más longeva del mundo.
Después de más de una década de espera, el desafío no es llegar a noviembre. El verdadero desafío es volver bien y volver para quedarse.
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NOTA DE OPINION por Benjamin Chaves.
FOTOS:
Portada: Prensa ACTC.
Nota: Prensa Autódromo Rio Cuarto.
